Los expertos de movilidad de McKinsey & Company han establecido las cinco principales consecuencias que esta pandemia tendrá sobre la movilidad del futuro. Y especialmente sobre la movilidad urbana pero también sobre los ecosistemas económicos, tecnológicos y sociales.
La pandemia de la COVID-19 está poniendo patas arriba muchas de las previsiones sobre movilidad que todas las consultoras y expertos auguraban para los próximos años. Todo parece indicar que las preferencias de los ciudadanos pasan por el vehículo privado, a priori más seguro e “higiénico” que el transporte público o la movilidad compartida.
Como dice el informe de McKinsey & Company, la evolución de la “movilidad personal se ha combinado en torno a cuatro elementos disruptores conocidos como ACES: conducción autónoma (Autonomous Driving), automóviles conectados (Connected cars), vehículos electrificados (Electrified vehicles) y movilidad compartida (Shared mobility).”
Pero todos los actores implicados deben mirar más allá de los ACES tras el terremoto que ha supuesto esta pandemia global ya que “a largo plazo, la COVID-19 podría tener una influencia sostenida en la movilidad, impulsando cambios en el entorno macroeconómico, las tendencias regulatorias, la tecnología y el comportamiento del consumidor.”
“A largo plazo, la COVID-19 podría tener una influencia sostenida en la movilidad, impulsando cambios en el entorno macroeconómico, las tendencias regulatorias, la tecnología y el comportamiento del consumidor”
Aunque la “nueva normalidad” de la movilidad será distinta en las diferentes regiones del mundo, en función de la evolución y la respuesta ante la pandemia, sí pueden definirse 5 grandes impactos que configurarán la movilidad del futuro.
Salud y seguridad, prioritarias en la movilidad
El coste y el confort han jugado tradicionalmente un papel clave a la hora de decidir qué medio de transporte utilizamos. Pero ahora es la reducción del riesgo de infecciones el factor que más peso tiene en esta elección, tanto en viajes privados como en los desplazamientos al trabajo.
Lógicamente, a partir de ahora las opciones de transporte que garanticen el distanciamiento físico triunfarán sobre las demás. En este entorno, el uso de automóviles privados, ir en bicicleta, caminar así como la micromovilidad compartida podrían superar al transporte público.
“Las opciones de transporte que garanticen el distanciamiento físico triunfarán sobre las demás. En este entorno, el uso de automóviles privados, ir en bicicleta, caminar así como la micromovilidad compartida podrían superar al transporte público”
Según un estudio de McKinsey elaborado durante la pandemia en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Japón y China, casi el 70% de los usuarios de movilidad optaban por andar o ir en bici al menos una vez por semana. Una vez finalizada la llamada “primera oleada” parece que el uso del vehículo privado seguirá incrementándose y el 40% declara que volverá a coger el transporte público al menos una vez por semana. Es más, la movilidad compartida, la micromovilidad así como el taxi o el VTC aumentarán hasta el 2% una vez se recupere la “normalidad”.
De hecho, McKinsey confirma que la demanda de movilidad no se verá afectada a largo plazo a pesar del aumento del teletrabajo. En Alemania, por ejemplo, “incluso si la cantidad de personas que trabajan desde casa una vez por semana aumentara dos veces y media, solo reduciría el número de viajes realizados en un 2% y el número de kilómetros bajaría un 4%.”
Sí se auguran cambios más importantes en trayectos de larga distancia. El 40% de los encuestados por McKinsey afirma que volará menos que antes de la pandemia y el 32% que también reducirá sus viajes en tren. Por el contrario, este mismo porcentaje (32%) afirmó que viajaría con más frecuencia en vehículo privado y solo el 13% dijo que viajarían menos en automóvil. De ello se deduce que seguramente aumentará el número de desplazamientos por carretera, sustituyendo algunos vuelos domésticos. Pero no está claro cómo este hecho impactará sobre los modelos de uso, propiedad y alquiler de vehículos.
La influencia de la administración pública
La mayoría de gobiernos restringen o han restringido la movilidad de los ciudadanos durante las semanas más duras de la pandemia. Y es más que probable que muchos de los cambios o restricciones impuestas sean la base de futuras regulaciones o limitaciones de movilidad, especialmente en las ciudades. De hecho, las grandes urbes han aumentado el espacio urbano disponible para peatones y bicicletas, cerrando calles y carriles al tráfico de automóviles. Dichas decisiones, en un primer momento temporales, se han consolidado en muchos casos y abren la puerta a nuevos actores de micromovilidad.
Por otro lado, se está estimulando la compra y uso de vehículos de bajas emisiones con incentivos y ayudas a la compra. También se están incentivando con diferentes planes el uso del transporte público y la compra de bicicletas.
Por ejemplo, en España e Italia ya no hay stock de bicicletas y existe lista de espera.
Por último, la crisis de liquidez de las aerolíneas ha hecho entrar a muchos países en el accionariado de estas compañías, por lo que podrían extender su influencia en este sector.
Todas estas acciones y medidas tomadas por las diferentes administraciones acabarán configurando no solo el futuro de la movilidad sino también el urbanismo de ciudades y áreas metropolitanas.
Movilidad “hiperlocal”
La movilidad urbana se encontraba en plena transformación en todo el mundo antes de la crisis del COVID-19, aunque con preferencias y modalidades diferentes en cada país. Pero el impacto de la pandemia en la economía mundial ha amplificado las diferencias regionales en función del nivel de afectación del virus. Y es probable que muchas de estas diferencias se mantengan en los próximos meses.
Según el análisis de McKinsey de las seis principales regiones del mundo, se esperan cambios drásticos en los modos de movilidad de todo el mundo para 2030. Por ejemplo, se pronostica una disminución drástica en el uso de automóviles privados en algunas de las principales ciudades europeas durante la próxima década. Por el contrario, en América del Norte es probable que el uso de automóviles privados solo disminuya ligeramente. En China se observa una mayor dependencia del transporte público y el ferrocarril mientras que en las principales ciudades del sur de Asia, en particular aquellas que ya dependen del transporte público en un grado considerable, no es probable que cambie significativamente para 2030.
“Se pronostica una disminución drástica en el uso de automóviles privados en algunas de las principales ciudades europeas durante la próxima década. En América del Norte es probable que el uso de automóviles privados solo disminuya ligeramente”
Estas previsiones se consolidarán en mayor o menor grado en función del desarrollo de la pandemia y las medidas tomadas en lo que a la restricción de movilidad se refiere, incluso en regiones o ciudades del mismo país. De esta forma, la demanda y las opciones de viaje disponibles variarán en cada zona, apareciendo el concepto de “movilidad hiperlocal”. Es decir, los diferentes actores de movilidad deberán adaptarse a cada ciudad. Esto podría implicar, por ejemplo, un análisis de las regulaciones de emisiones, el riesgo de infección y el acceso a la movilidad. Y como cada ciudad cuenta con su propia agenda de movilidad de futuro, los mismos actores de movilidad deberán “desarrollar una perspectiva regional e hiperlocal sobre este mosaico de movilidad emergente, recalibrando su radar de mercado para anticipar estos desarrollos desde el principio.”
Consolidación de modelos de negocio
La crisis del COVID-19 ha dejado al descubierto las vulnerabilidades de algunas empresas y modelos de negocio. McKinsey opina que “estas debilidades impulsarán la consolidación de la industria” de la movilidad. Esta consolidación y las economías de escala podrían ayudar a crear modelos comerciales más sostenibles, especialmente con fusiones, adquisiciones y compras entre fabricantes de vehículos y actores de micromovilidad, quienes ya habían empezado a “flirtear” antes de la pandemia.
Por otro lado, los grandes actores tecnológicos cuentan con una buena salud económica ya que han sido los grandes beneficiados de la COVID-19. Ello les puede permitir aprovechar este momento para asegurar su presencia y participación en la industria de la movilidad.
Reenfocando la innovación
Tras unos meses centrados en la gestión de la crisis, los principales actores de la industria de la movilidad centrarán sus objetivos en materia de innovación. En este sentido, la demanda de tecnologías limpias va al alza y se espera una fuerte demanda de vehículos eléctricos a nivel mundial, especialmente en China y Europa.
Es probable que también se detengan algunas inversiones tecnológicas. Por ejemplo, podría darse una ralentización de las inversiones en tecnologías de conducción autónoma (AD).
Estos retrasos podrían aumentar la brecha entre players tecnológicos (que lideran el mercado de AD y continúan presionando fuertemente) y fabricantes de vehículos, quizás eventualmente excluyendo a estos últimos de esta tecnología.
En términos de conectividad, se prevé un mercado lleno de oportunidades, con fusiones y adquisiciones, especialmente por parte de algunos fabricantes de vehículos, más dispuestos a comprar tecnología que a desarrollarla internamente.
Por otro lado, y aunque golpeada en estos últimos meses, el futuro de la movilidad compartida parece asegurado. Aquí también se producirán fusiones y adquisiciones, especialmente en el subsector de la micromovilidad. Además, es posible que algunas ciudades no levanten muchas de las restricciones impuestas sobre vehículos privados, acelerando el camino hacia la movilidad compartida.
“Es posible que algunas ciudades no levanten muchas de las restricciones impuestas sobre vehículos privados, acelerando el camino hacia la movilidad compartida”
Por último, la crisis ha acelerado la digitalización de los procesos y de los canales de venta. Como consecuencia, es probable que las empresas con canales digitales salgan de la crisis más fuertes que sus competidores. Los consumidores ahora exigen nuevos modelos comerciales y de ventas que reflejen el mundo posterior al COVID-19, como los servicios de alquiler y de suscripción. Algunos fabricantes de automóviles están liderando el camino en este sentido, permitiendo comprar el vehículo de manera totalmente online y entregándolo en casa del cliente.